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miércoles, 18 de octubre de 2017

Guardianes

Cuando sales a hacer fotografía nocturna suele ser recomendable tener una planificación de la foto: si quieres una foto en la que poder encuadrar la Vía Láctea, si quieres ir a fotografiar tormentas, si quieres un cielo estrellado sin nubes, si quieres una foto con o sin Luna... Además, es interesante también tener más o menos claro qué fotografía buscas en cuanto a aquello que pretendes fotografiar. Para ello, conocer de antemano aquello a lo que vas a hacerle foto, a través de fotografías, encontradas en internet o en cualquier otro medio, te ayudará a hacerte una idea de cómo es el sitio al que vas a desplazarte y, sin duda, a hacerte una composición de la foto que te gustaría hacer.

Bien, pues, a pesar de que esta planificación la hayas hecho lo más minuciosamente posible, a veces la foto que te llevas va a ser diferente de lo que tan al milímetro habías planificado. Y es que, en ocasiones, el escenario que te encuentras te ofrece posibilidades con las que inicialmente no contabas, pero que una vez que estás metido en la foto, van surgiendo.

Algo así pasó con esta foto. Desde hace años tenía pendiente visitar (o, mejor dicho, volver a visitar) este conocidísimo castillo. Mi primera foto, o intento de foto del mismo fue en el curso impartido por Mario Rubio al que asistí en 2013, y para cuyas prácticas nos desplazamos hasta este lugar. Como podéis imaginar, una foto de un curso es complicado que pueda ser una gran foto. Es complicado, sencillamente, porque a un curso vas a aprender. Además, hacer una fotografía con casi 20 cámaras en fila, e intentando iluminar para que las 20 fotos sean 20 buenas fotos, creedme, es muy complicado.

Más de una vez había visitado este castillo, el Castillo de Villa Paz, en Saelices. Había visto muchas fotos del mismo. Diurnas y nocturnas. Tenía más o menos claro en mi cabeza el encuadre que me gustaba, pero, por uno u otro motivo, no me había llevado nunca la foto como la quería. Esa noche quedamos Felipe y yo, y cuando llegamos al castillo las condiciones más o menos eran las que nos satisfacían. No era un cielo muy espectacular, la luna no estaba exactamente donde me habría gustado, pero podría valernos. Por fin iba a poder llevarme la foto que buscaba.

Así que llegamos al castillo, colocamos los trípodes y las cámaras y decidimos que yo me subiría a la torre de la derecha e iluminaría con flash y Felipe se encargaría de hacer la iluminación abajo. Hicimos varias tomas hasta conseguir la luz que queríamos, pero cuando ya teníamos la foto se me ocurrió probar a sacar una última en la que yo apareciera en una de las ventanas de la torre. Felipe debió de ver que le convencía cómo quedaba en las pantallas de las cámaras la aparición de una figura porque sin decirme nada, decidió hacer lo propio y colocarse él en la puerta de una de las 2 torres de abajo.

Cuando bajé y miré lo que mi cámara había registrado me di cuenta de que lo que última foto que hicimos me gustaba mucho más que la que habíamos hecho al principio, y por la cual había querido ir hasta allí.

En fin, esta es una de las partes positivas de la fotografía nocturna. Según vas haciendo una fotografía, van surgiendo ideas que, a veces pueden ser buenas y otras no tan buenas, a veces fáciles de ejecutar y otras no tanto, pero que añaden un plus más de diversión a esta modalidad fotográfica. Además de esto, darle al coco cuando estás haciendo tu foto, ayuda a que esa foto sea única, pues la idea, tu idea, es única.

Espero que os guste. ¡Hasta la próxima!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 
Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 100



miércoles, 4 de octubre de 2017

El Viejo Molino

La fotografía que esta noche os traigo es muy especial para mí. Fue tomada hace unos meses, ya hace medio año, en la Semana Santa de 2017.

En esta ocasión no me acompañaron mis compañeros de Luces del Pasado. En esta ocasión mi compañera de fotografía nocturna fue la que lo ha sido en mis últimas aventuras fotográficas y en muchas otras más (y las que seguro aún están por llegar): Rosario.

Sin ser aficionada a la fotografía nocturna, y casi me atrevería a decir, a la fotografía en general, esa noche (y alguna otra más) aguantó sin una sola queja mis caprichos derivados de esta afición. Y no sólo eso. También participó activamente en la foto. Linterna en mano, se metió dentro del viejo molino y se encargó de la iluminación del interior y de sacar luz (si me lo permitís, de forma exquisita) por la puerta. Más adelante daré todos los detalles de la realización de la foto.

La fotografía está tomada en Murcia y se trata de un viejo molino del que, como podéis ver, poco queda. Sin embargo, cuando encontramos el molino en una ruta de búsqueda de posibles objetivos nocturnos, me pareció lo suficientemente atractivo como para hacerle una visita nocturna.

Así hicimos, y esa noche, a pesar de que no daban unos cielos espectaculares, salimos a fotografiarlo. Nuestra idea inicial fue usar luz cálida, pero en cuanto hicimos las primeras pruebas nos dimos cuenta de que esa elección no iba a ser buena. Así que decidimos probar con iluminación fría. La cosa cambió considerablemente. No necesitamos más de una prueba para comprobar que la iluminación fría iba a ser la iluminación ganadora esa noche.

Como sabéis, por usar luz fría lo normal es marcar en el balance de blancos un valor de temperatura de color fría, de forma que la cámara de fotos se encargue de "calentar" la luz fría que le llega. Esto hace que todo aparezca con un tono cálido. Esto lo podéis ver en el cielo, que aparece con un tono anaranjado.

Por tanto, como digo, esa noche la luz que marcaría la iluminación será la fría, y con linterna fría iluminamos el exterior del molino. Esta iluminación se hizo principalmente desde la derecha. Además, luz muy suave dada desde la izquierda.

Vamos con la iluminación interior. Según lo que he dicho hace un momento, las condiciones marcadas en la cámara hacían que toda la iluminación usada en esta fotografía estuviera hecha con luz fría. Sin embargo, para la luz del interior, hicimos un cambio en el guión.

En vez de usar luz blanca, que podría ser lo lógico ya que el balance de blancos estaba ajustado para trabajar con una iluminación blanca, lo que hicimos fue usar una linterna cálida. ¿Con qué fin? Como digo, lo más normal habría sido usar linterna fría. Con ello habríamos conseguido que la luz que ilumina el interior del molino y la que sale del mismo por la puerta tuviera una tonalidad ligeramente cálida, pues el balance de blancos usado calienta la luz blanca. Usando una linterna cálida, lo que hacemos es "calentar" más aún el tono cálido de la luz de la linterna, mostrándose finalmente con un tono muy cálido y por tanto, más llamativo.

Personalmente es una fórmula que, en según qué casos, creo que aporta a la foto, aunque en mi opinión no hay que abusar mucho de ello pues no siempre funciona bien y, por otro lado, nuestras fotos pueden llegar a tener la misma apariencia.

Posiblemente os preguntéis si la fórmula contraria podría funcionar igual. Es decir, ¿qué pasaría si usáramos iluminación fría (luz blanca) ajustando en la cámara un balance de blancos frío (alrededor de 3200K)? El efecto que obtendríamos sería el de enfriar más aún la luz blanca, tornándose ésta en azul. ¿Es esto útil? Pues más que preguntarse si es útil o no, quizá habría que preguntarse si este efecto resulta atractivo o no. Claro está, todo depende del caso en el que nos encontremos, pero, y esto es un gusto personal, a mí no me resulta especialmente atractivo. Pero, como digo, es un gusto personal

En resumen, linterna fría desde la derecha de la foto y un poco de luz desde la izquierda para contrarrestar esa luz, y linterna cálida desde el interior del molino. 

Por último, los datos EXIF de la foto. No olvidéis que si tenéis alguna sobre la foto, podéis preguntar.

Los datos EXIF:


mara: Canon 6D 

Focal: 14 mm 
Exposición: 8 sg 
Apertura: f/2,8

ISO: 2500



martes, 26 de septiembre de 2017

El Símbolo

En más de una ocasión he explicado que el flujo de trabajo del fotógrafo nocturno que se dedica a hacer el tipo de fotografía nocturna que hago, o que hacemos los miembros de Luces del Pasado, comienza, muchas veces, con la localización del sitio que quieres fotografiar. Muchas veces aquello que tú quieres fotografiar es muy conocido y está perfectamente localizado, con lo cual la búsqueda acaba casi en el momento en que empieza.

Muchas otras veces esa localización es algo que sabemos que existe porque hemos visto una fotografía en Internet o en una revista. Una fotografía diurna o nocturna. Sacada con cámara o con móvil. Por un fotógrafo profesional o por uno aficionado. El caso es que esa fotografía, con más o menos información, es el punto de partida para comenzar una búsqueda que, por lo general no suele ser fácil.

Sin embargo, Luis, bien porque el monumento oculto no estaba muy oculto, bien porque ya es muy ducho en estas labores (que más bien será ésta), no tardó mucho en localizarlo. Así que el monumento en cuestión entró a formar parte de la lista de sitios a visitar en algún momento. Ese momento no se hizo esperar mucho, y una tarde de verano quedamos Luis y yo para visitar la construcción.

Nuestra intención era, como siempre llegar con luz de día (siempre es esa la intención, aunque no siempre lo conseguimos), pero nos confiamos pensando que estaba más cerca y  llegamos ya prácticamente de noche.

Lo que sí que no se nos escapó fue la planificación de la foto. Al menos en lo que podíamos planificar. Veréis a qué me refiero. Cuando pensamoss en hacer foto esa noche, echamos un vistazo a una de las aplicaciones que te dan la previsión meteorológica de las próximas horas (e incluso días). Vimos que daban cielos despejados, así que... verano... cielos despejados... ausencia de luz de luna... perfecto, lo teníamos todo para poder sacar una foto en la que apareciera la Vía Láctea. Sólo había que encontrar el sitio en que a una hora razonable se situara la Vía Láctea con un buen encuadre. Para ello hicimos uso de una de las aplicaciones que te dicen exactamente dónde se va a situar y con qué aspecto (inclinación, con el Centro Galáctico visible o no) va a aparecer la Vía Láctea... y pensamos en este sitio.

Así que teníamos el día, la hora, la localización y las condiciones meteorológicas... Bueno, esto último ...más o menos. Y es que cuando llegamos allí, el cielo estaba totalmente despejado. Es lo que buscábamos.  Pero cuando se aproximaba la hora en la que la Vía Láctea se colocaría más o menos por la zona que íbamos buscando, empezaron a aparecer unas nubes, por llamarlo de alguna forma, que pensamos que nos iban a aguar la fiesta, y que la foto que íbamos buscando esa noche no nos la íbamos a llevar. A esto me refería con que teníamos todo lo que, más o menos, podíamos controlar. Pero, claro, los caprichos del cielo no los podemos controlar.

Y las nubes fueron más y más abundantes. Aun así, decidimos que había que tirar foto y que lo que tuviera que ser, que fuera. Cuando vimos la foto que aparecía en las pantallas de nuestras cámaras nuestras sensaciones cambiaron radicalmente. Y es que unas nubes con buena fuga que adornando un cielo nocturno no se pueden encontrar todos los días. Esa noche las íbamos a tener.

Tiramos varias fotos mientras ilúminábamos con un esquema de iluminación sencillo y que os cuento a continuación. Iluminación cálida, y, por ello, ajuste del balance de blancos a unos 3200K. La iluminación principal, al monumento, la dimos desde la derecha. Ahora bien, desde el punto en el que estábamos, la iluminación del suelo no nos convencía, así que, para levantar más textura, el suelo lo iluminamos desde la derecha. Además, para evitar negros desde el lado oculto a la iluminación principal, desde el lado izquierdo también se iluminó suavemente las zonas interiores del monumento. 

Al final la noche acabó bastante mejor de lo que esperábamos. A veces, esas cosas que no puedes controlar se ponen de tu parte ;-)

Y poco más. Espero que os haya gustado la foto. Como siempre, si tenéis alguna curiosidad sobre la realización de la foto, no dudéis en preguntar.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:


mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2,8
ISO: 3200


jueves, 21 de septiembre de 2017

The King in the North!

Y se acabaron las vacaciones. Al menos de momento. Toca volver a la rutina del trabajo y a la rutina personal. Y, por supuesto, toca subir fotografía :-)

La de esta noche, de un sitio al que muchos fotógrafos, nocturnos y no nocturnos le tenemos muchas ganas: el Castillo de Zafra. Castillo que, curiosamente, no está en Zafra, Badajoz, sino cerca de Campillo de Dueñas, Guadalajara.

Esa noche, una de este verano, del equipo de Luces del Pasado, sólo estábamos Luis y yo. Como el castillo está bastante (pero bastante tirando a mucho) retirado de nuestras viviendas decidimos hacer noche en algún sitio cercano al castillo. Donde encontramos habitación fue en Molina de Aragón, un pueblo que yo no conocía, pero que me pareció bastante interesante. De hecho, tiene una fortaleza verdaderamente impresionante. A los que os preguntéis "¿le hicisteis foto?" os diré que sí, que le hicimos foto... pero diurna, y es que el castillo está pegadísimo al pueblo.

En fin, como os decía, alquilamos una habitación en un hotel bastante bien situado en el pueblo y al que llegamos un viernes por la tarde. Una vez acomodados en el hotel, listos para salir a la faena, pensamos que, antes de ir, habría que cenar algo. Tras dudar entre si coger un bocata e irnos al castillo o sentarnos en una terraza y cenar algo tranquilamente, decidimos tomárnoslo con tranquilidad y sentarnos en la terraza de una cafetería/restaurante o similar donde daban de cenar. 

Una hora más tarde salíamos del restaurante en dirección al castillo. El camino al castillo no es complicado, pero los últimos kilómetros se hacen por pista forestal que, en según qué tramos, el deterioro es mayor. Cuando íbamos llegando, quedaría aproximadamente un par de kilómetros, a Luis le pareció ver alguna luz en la oscuridad

Pensamos en la posibilidad de que fueran cazadores furtivos, pero cuando estábamos muy cerca del castillo pudimos comprobar que la situación era mucho peor: se trataba de fotógrafos nocturnos con sus cámaras y sus trípodes, y con sus frontales y sus linternas. No me lo podía creer. Habíamos hecho más de 200 km para encontrarnos un grupo muy numeroso (casi 20 personas) que iban a hacer la fotografía que nosotros queríamos hacer.

Tras preguntarles me dijeron que iban a hacer las prácticas de un curso de fotografía nocturna. Buff, la cosa iba de mal en peor. 

Imaginaos la situación: Luis y yo, con una idea de foto en mente, nos vamos un viernes a un castillo que está a más de 200 km de casa y que está en pleno campo en la provincia de Guadalajara y cuando llegamos por la noche nos encontramos con que 16 personas tienen plantados sus trípodes en el punto en el que Luis y yo teníamos pensado plantar los nuestros. La cosa no pintaba bien, pues muchos alumnos no tenían muchas experiencia en fotografía nocturna. El caso es que media hora después aún no habían hecho ninguna foto. Luis y yo nos mirábamos pensando que la noche podría haberse arruinado. 

Cuando ya no pudimos más decidimos irnos a dar un paseo alrededor del castillo. Y después del paseo, viendo que seguían allí a tomarnos unas cervezas que teníamos en el coche. Y después de las cervezas, viendo que aún seguían allí... volvimos.

Una vez allí, les pedimos que después de la hora y media que se habían tirado para sacar la foto, nos dejaran a nosotros. Lo cierto es que no pusieron pegas, así que, casi 2 horas más tarde, empezamos a organizar nuestra foto.

Y después de todo esto que os he contado, vamos a la foto.

La foto que estáis viendo la planificamos con bastante tiempo con antelación. Dedicamos cierto tiempo a ver fotos del castillo y a buscar cuál o cuáles podrían ser las mejores fechas en las que la Vía Láctea podríamos encontrarla en un encuadre en la que un modelo pudiera colocarse entre la propia Vía y la torre más alta del castillo. Una de esas fechas, el fin de semana que elegimos. Que elegimos nosotros y los del taller :-/

Toda la iluminación la hicimos con linterna cálida. Tanto la aplicada desde fuera de la escena, como la aplicada por el modelo. Además, como éramos dos personas y, para colmo, una de ellas haría de modelo, la iluminación de una escena así tenía bastante complejidad, así que tuvimos que organizarnos muy bien para poder hacer la foto en 30 segundos, que es el tiempo que tuvimos el obturador abierto.

Finalmente pudimos hacer la foto, a pesar de todos los pesares. Hicimos esta versión y un par de versiones más que, quizá, en algún momento publicaré.

Ah! Se me olvidaba. El nombre de la foto. Posiblemente a los seguidores de "Juego de tronos" que hayan visto las 7 temporadas que a día de hoy se han emitido, no será necesario que aclare nada. A los que no habéis terminado de verlas, tranquilos, que no os voy a hacer "spoiler", como el que ya sufrí yo ;-). Vosotros ved la serie entera, y ya entenderéis.

Como siempre, si tenéis alguna pregunta sobre la foto, no dudéis en preguntar.

Hasta la próxima!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 
Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/3,2
ISO: 6400


viernes, 1 de septiembre de 2017

Un nuevo Punto de Vista

Tras varios años como aficionado a la fotografía nocturna, a veces no está mal echar la vista atrás y volver a aquellos lugares donde empezaste a vivir con ilusión una afición a la que tanto tiempo he dedicado y a la que, si nada se tuerce, mucho tiempo dedicaré. 

Volver a localizaciones donde empezaste a probar aquellas técnicas que habías aprendido de los mejores, o, incluso, a probar cosas que, por qué no, podrían dar buen resultado, te servirá, sin lugar a dudas, a comprobar tu evolución (que alguna vez he pensado yo que en mi caso era involución) al comparar la foto que obtuviste en su día con lo que acabas de obtener.

Hace ya casi 4 años de la primera visita a esta estación, la de Cabañas de la Sagra, y cada vez que he vuelto me ha traído buenos recuerdos. Recuerdos de aquella primera vez en la que, yo solo, pues no conocía a nadie que estuviera tan loco como para irse a fotografiar edificios abandonados de noche, cogía mi cámara, mi trípode, mis linternas y me iba a la aventura. Dicho así lo cierto es que aún no sé cómo yo pude lanzarme a ello. Qué narices, en realidad... en realidad, sí lo sé. La emoción que se siente cuando empiezas con esta afición, la excitación y la alegría que vives cuando ves el resultado final (siempre con varias repeticiones) del trabajo en la pantalla de la cámara... sin duda, si tuviera que repetir, repetiría.

En fin, las cosas han cambiado y mi vida como fotógrafo nocturno es algo diferente. Ahora no salgo solo, y eso también influye en que las fotografías tengan, o eso me parece a mí, mayor calidad. Al menos, eso pienso yo viendo la fotografía que en su día hice de esta misma estación, aun cuando el ángulo de la toma sea diferente.

El día que realizamos esta fotografía quedamos Cristina, Luis y yo. No recuerdo bien, pero creo que fue un día que no teníamos pensado salir, pero que viendo el cielo que teníamos (la estación no está muy lejos de casa) y que la previsión no anunciaba muchos cambios, propuse salir a mis 2 compañeros. Cuando llegamos a la estación el cielo, a pesar de la previsión, no pintaba bien. Parecía que, una vez más, el hombre del tiempo se reiría de nosotros, así que teníamos 2 opciones: volvernos a casa, o ir a tomarnos una cerveza y cenar algo y luego volver para probar suerte. ¿Imagináis cuál fue la elección?

Hora y media después estábamos de vuelta en la estación y, esta vez sí, el cielo ya tenía otro aspecto. Sacamos nuestras cámaras, nos fuimos a plantar el trípode a la zona que más nos atraía viendo el cielo que teníamos, y pensamos cómo iluminar la escena.

Como queríamos sacar haces le luz lo más rectos posible, decidimos tirar de flashes, a los cuales les aplicamos un filtro de color rojo. Dos 2 nosotros se metieron dentro de la estación y un tercero se encargaría de dar luz cálida desde el frente a toda la fachada trasera de la estación. No fueron necesarios muchos intentos, pues la foto no presentó mucha dificultad técnica. La luz la pusimos nosotros. Del resto se encargaron el cielo y la contaminación lumínica.

Como ya he dicho, volver a aquellos sitios donde empezaste a hacer fotografía nocturna no es mala idea, o así lo veo yo. Y ya no por poder comparar lo que obtuviste con lo que ahora has obtenido, sino por volver a vivir aquellos primeros momentos. Para poder sentir lo que en aquél momento sentiste. Sentir... sí, sentir. Y es que creo que a veces nos olvidamos de que la fotografía es sentimiento.

Con esta foto me despido de vosotros durante, al menos, un par de semanas. Hoy empiezan mis vacaciones. Estaré fuera, y espero volver con un material fotográfico nocturno.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 
Focal: 16 mm 
Exposición: 3,2 sg 
Apertura: f/2,8
ISO: 3200


domingo, 20 de agosto de 2017

La Torre Oscura

Domingo, 3 de julio de 2016... hora, aproximadamente las 13:30h. Recuerdo que los 4 miembros de Luces del Pasado estábamos a punto de terminar nuestra ponencia en quinta edición del Congreso de Fotografía Nocturna, quizás el congreso de fotografía más importante de los que se celebran en España. Era el momento de dar punto y final a nuestra intervención, y un servidor iba a ser el encargado de hacerlo. Para dicho final pensamos que no habría mejor forma que expresar lo que vivimos cuando organizamos una salida nocturna, cuando salimos a hacer fotos: cena, cervezas, risas, y sí, unos cuantos kilómetros de coche, pero con muy buen rollo

La noche que salimos a hacer esta foto nuevamente fue una de esas en las que se daba esto mismo. Por todo esto ésta fue una noche muy especial. Por todo esto y porque era una noche en la que hacía tiempo que uno de los miembros del grupo no salía de fotos, así que la noche, sin duda, fue mejor.

Como dijimos en el Congreso del 2016 lo que nos muy a salir es la fotografía nocturna, pero si no hubiera lo que más arriba he comentado, ese buen rollo, esas risas... sin duda que no habría salida fotográfica. Salimos con intención de pasarlo bien haciendo fotos que nos gusten, pero si la noche que salimos no hay foto buena, al menos habremos disfrutado de unas horas de disfrutar de una afición con la mejor compañía que se puede tener.

Esta que hoy os muestro es una de las fotos que nos trajimos esa noche. Es una de esas que surgieron de casualidad cuando empezábamos a recoger, pero de pronto se le enciende una bombilla a alguien, y de nuevo, a sacar los trípodes de las bolsas. Qué se le va a hacer. el vicio por la fotografía nocturna manda.

La foto no tiene más historia que la que podéis imaginar viendo la foto: una linterna sostenida en la mano del modelo, unos segundos de estar inmóvil, linterna cálida y balance de blancos en torno a los 3000K, pues queríamos un cielo azul, además de que, habiendo usado linterna cálida, ajustar una temperatura de color habría sido un gran error... et voilà! ¡Foto terminada!

Espero que os guste. ¡Hasta la próxima!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 
Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 1600




martes, 11 de julio de 2017

Apunta, dispara y corre

Las tres palabras del título no podrían resumir mejor la tarde-noche del miércoles de la semana pasada. Esa tarde Felipe y yo quedamos para intentar sacar una fotografía planificada en los campos de lavanda de Brihuega y alrededores. La planificación para la zona esa noche era buena. Con mucha probabilidad encontraríamos nubes de esas que tanto nos gustan para nuestras fotos. Si, además, podíamos encontrarlas sobre un campo de lavanda de esos que tan de moda se han puesto, pues mejor que mejor.

Según íbamos llegando a Brihuega pudimos comprobar que, una vez más, la previsión parecía que iba a fallar. Salvo unas nubes que veíamos a la derecha, no encontrábamos más que cielos despejados. En fin, ya estábamos llegando, así que había que hacer lo que buenamente se pudiera. Cuando ya estábamos muy cerca del pueblo, me fijé en que, lo que parecían simples nubes, estaban tomando una forma que me recordaban a lo que son nubes de tormenta. 

Fuera como fuese, lo cierto es que esas nubes estaban lejos, así que decidimos seguir con nuestro plan inicial y seguir buscando el campo de lavanda por el que habíamos ido hasta allí. Cuando lo encontramos, no nos convenció mucho, al menos para esa noche. No se daban las condiciones que queríamos y el campo, en un principio, nos decepcionó un poco. Pero, como digo, ya estábamos allí, así que algo tendríamos que inventarnos.

En un momento dado, Felipe y yo nos giramos hacia donde estaban las nubes que habíamos visto y comprobamos, al ver los rayos y relámpagos que, efectivamente, se estaba preparando una tormenta que no parecía pequeña. No solo eso: la tormenta venía hacia donde estábamos nosotros. La tarde empezaba a ponerse interesante.

Como habíamos decidido que en el campo en el que estábamos no íbamos a hacer nada, rápidamente cogimos los bártulos y nos movimos a otro campo por el que habíamos pasado y que tenía las hileras de lavanda apuntando a la dirección en la que se encontraba la tormenta. A pesar de no estar muy lejos de ese campo, llegar hasta él se nos hizo eterno. Creo que fue por culpa de que la tormenta se movía muy rápido y de que cada vez veíamos más y más rayos. Lo cierto es que pensamos que podríamos perdernos la foto que en ese momento teníamos en la cabeza pues la tormenta estaba cada vez más cerca.

Por fin llegamos al campo. Durante todo el trayecto vimos una cantidad enorme de rayos. Mal se tendría que dar para que no pudiéramos cazar alguno, pensamos. Cuando plantamos los trípodes, vimos que el encuadre no nos convencía. Una caseta caprichosa quería salir en el encuadre. Imposible. Había que moverse. Y la tormenta cada vez más cerca. Y esos truenos sonando cada vez más fuerte...

Varias hileras más a la derecha por fin encontramos el punto que nos convenció. Había que nivelar la cámara, encuadrar rápido, poner el disparador, enfocar... Y mientras, rayos y más rayos exhibiéndose delante de nuestras narices. No puede fallar nada. Balance de blancos, tiempo de exposición, apertura de diafragma, ISO... Venga, empiezan las pruebas. Y el cielo cada vez más oscuro... la tormenta está muy cerca. Uff... y esos rayos... Rayos delante de nosotros, rayos a la derecha. Series seguidas de rayos que casi se podría decir que se disputaban un espacio en el cielo. Y esos truenos sonando cada vez más fuerte. Por fin encontramos los mejores parámetros para disparar. Y disparamos.. una, dos.. hemos cazado uno a la derecha! Seguimos disparando. Otro! Hemos cazado otro en el centro de la foto aunque... no, ese no se ve bien. 

Y la tormenta cada vez más y más cerca. Los relámpagos empiezan a iluminar el espacio que nos rodea. Imaginaos la situación. Dos tíos solos en un campo en el que hay una tormenta impresionante, con sus cámaras sobre unos trípodes... trípodes metálicos que pueden atraer rayos. Imposible no pensar que al día siguiente tú puedes ser el protagonista de una noticia relacionada con una tormenta en Guadalajara. Uff... no... no había que pensar eso. Había que sacar la foto y marcharse a casa. Y de pronto...

De pronto un relámpago y, casi a la vez, un trueno. En ese momento, Felipe y yo nos miramos y el mensaje sólo podía ser uno: tenemos la tormenta encima. No sé si podéis imaginar la tensión que se puede vivir en un momento así, en el que te sientes solo, sin un refugio cercano y con sólo campo alrededor de ti. Tensión... sí, tensión y miedo. Pero aún no estábamos convencidos de tener la foto que buscábamos. 

Por un momento nos pareció que la tormenta que teníamos encima de nosotros se había desplazado, así que seguimos disparando. Quizá era el momento de irse, sí... pero no podíamos. Había que sacar la foto. Recuerdo que las últimas 6 o 7 fotos las sacamos acercándonos a la cámara, apretando el disparador, y alejándonos 4 ó 5 metros del trípode. Si el trípode atrae algún rayo, al menos que no nos pille pegados a la cámara. 

Lo que marcó que dejáramos de hacer fotos fue la lluvia que empezó a caer. Lluvia que se convirtió en tromba de agua. Momento de salir corriendo hasta el coche, que debía de estar a unos 300 metros de donde nos encontrábamos nosotros. Una distancia suficiente para que llegáramos empapados al coche. Empapados nosotros, las cámaras, los trípodes. Ya en el coche recuerdo que comentamos la jugada y cuánto nos la habíamos jugado por una foto.

Algo así no se debe hacer y si me preguntaran aconsejaría que no se hicieran este tipo de locuras, pero entendería que alguien la hiciera. No es fácil estar delante de la foto y renunciar a llevártela.

Quizá no es la mejor foto que podríamos habernos llevado. Seguro que no lo es. Pero para mí, después de haber vivido el momento, es una recompensa más que justa. ¿Volvería a hacerlo? No lo sé... ¿cuándo dices que es la próxima tormenta?






jueves, 29 de junio de 2017

House of Evil

Una tarde, hablando con Luis, me enseñó la fotografía diurna de una casa en ruinas que tenía ganas de visitar y de fotografiar. Se trataba de una vieja casa abandonada en una finca, y a la cual se llegaba por un camino que salía desde una carretera comarcal. Cuando vi aquella foto pensé que, efectivamente, había que visitarla. No sabía cuándo, pero había que visitarla.

Semanas después, un día, hablando con Luis sobre dónde poder salir de fotos, me dijo: "Oye, ¿por qué no vamos a la casa de la foto que te mandé el otro día?". Me pareció buena idea, así que cargué baterías, me puse la ropa de faena, cogí cámara, trípode y linternas y me fui con Luis a aquella casa.

Como he dicho en muchas ocasiones, no sólo en este blog, sino también en ocasiones en las que he hablado de fotografía nocturna con otras personas, creo que las localizaciones hay que visitarlas de día. Verlas de día ayuda, no sólo a conocer el terreno y las dificultades que pueda tener, sino que también permite encuadrar mejor, pues tienes mejor visión del entorno que te rodea. Ese día, sin embargo, por diferentes causas, no pudimos llegar con luz de día.

Las coordenadas que Luis tenía eran correctas, así que no tuvimos problemas en encontrar el camino de acceso a la finca. Cuando llegamos allí Luis me dijo algo así como: 

- Pues... esta casa tiene historia.

Sin mirarle, pregunté:

- ¿Qué tipo de historia?

- Asesinatos  me dijo

Giré la cabeza y dije:

- ¿Asesinatos? ¿Hablas en serio? ¿Y me lo dices ahora?

Veamos, no quiero que penséis que unas historias contadas por, vete tú a saber quién, sobre algo que pasó vete tú a saber cuándo y que, vete tú a saber si era verdad o no, podrían hacer que no nos atreviéramos a pasar a aquella casa o que no intentáramos llevarnos foto. No. No iba a ser así. Pero, por favor, poneos en situación. Dos tíos en pleno campo, frente a una casa en ruinas, con el sonido de ramas de árboles cayendo al suelo, ayudadas a caer por un viento suave que mueve las hojas de los árboles, y todo ello, por supuesto, en casi absoluta oscuridad (digo casi porque algo de luz residual había en el ambiente). Sí, claro que sí, intentaríamos llevarnos foto, pero, hombre, el subconsciente, a veces, es un poco puñetero.

Una vez que nos decidimos a entrar en la casa, fuimos recorriendo todas y cada una de las estancias que aún podían considerarse como tales gracias a las paredes que todavía seguían en pie. Recorrimos la casa para conocer el terreno y para pensar en cómo podríamos iluminar. En el interior, huellas de presencia humana en forma de agujeros por cartuchos de escopeta que también encontramos repartidos por el suelo en varios puntos de la casa, marcas de destornillador o de cuchillo en varias paredes, escombros, escombros, más escombros... Nos movimos por casi toda la casa. Digo casi toda la casa porque estuvimos en la planta superior, estuvimos en la planta baja, pero no bajamos al sótano. ¿Por qué? Bueno, si no va a salir en la foto, tampoco era necesario bajar, ¿no? ;-)

Hicimos varias pruebas de iluminación. Inicialmente planteamos un esquema de iluminación con luz cálida, pero no nos gustó y lo descartamos rápidamente. El balance de blancos necesario para que la casa no quedara amarilla nos dejaba un cielo con un color que no nos gustó nada, así que planteamos iluminar con luz blanca el exterior de la planta, y con luz cálida el interior. En esta circunstancia, si el balance de blancos lo ajustamos a una temperatura tal que la luz compensada sea la blanca, conseguimos que la luz cálida sea aún más cálida. Además, con un balance de blancos ajustado a esta temperatura, el cielo también tomaría un color anaranjado. Así que era cuestión de probar con luz blanca. Cuando lo hicimos lo tuvimos claro. Ésta sería la luz con la que iluminaríamos.

En este esquema de iluminación, un detalle. Si os fijáis, hay una habitación que no está iluminada. Podríais pensar que se trata de un descuido, pero no es así. Está hecho a propósito. ¿Por qué razón está hecho esto así?

En mi opinión, fotografiar casa en las que hay ventanas, puertas, o, en general aberturas por las cuales puede aparecer luz, no obliga necesariamente a tener que sacar luz por todas y cada una de esas estancias. En este caso, al menos, pienso que no era la mejor opción. El motivo es muy sencillo. La casa tiene un porche al que da la habitación que hemos dejado sin iluminar. Ese porche está iluminado. Si hubiéramos iluminado el interior de esa habitación, realmente habría pasado mucho más desapercibida que si, como hemos hecho, la hubiéramos dejado sin iluminar. Este es el motivo.

Poco más. Una casa impresionante que cuando tuvo vida debió de ser más impresionante todavía. No sé si allí realmente pasó lo que Luis me contó, pero, por suerte, no influyó en que nuestra cabeza nos jugara malas pasadas e impidiera que sacáramos una foto que, no sé si os gustará o no, pero que, al menos, nos hizo pasar un buen rato disfrutando, una noche más de esta afición.

Hasta la próxima!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 
Focal: 16 mm 
Exposición: 8 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 400





jueves, 18 de mayo de 2017

La última estación

La foto que esta noche os muestro es una foto especial. Debido a los compromisos personales de los 4 miembros de Luces del Pasado, es muy complicado que coincidamos los 4 con frecuencia para salir a hacer fotos. A veces, de los 4, coinciden 3, otras sólo 2... Esa noche coincidimos los 4.

Como de costumbre, antes de decidir dónde podríamos salir a hacer fotos, comprobamos qué condiciones meteorológicas nos encontraríamos esa noche y, aunque las aplicaciones que nos dan esta información no se puede decir que sean 100% fiables, al menos, pueden servir para orientarnos un poco. Para esa noche, las mejores condiciones (o las menos malas) las íbamos a tener, en teoría, por la zona de Segovia. Así que allí fuimos.

Como teníamos pendiente visitar la estación de Yanguas de Eresma, decidimos acercarnos para ver si lo que allí nos esperaba era bueno o no. Al llegar nos encontramos con que las condiciones no eran las que más nos gustan, con las que más disfrutamos, es decir, cielos con unas nubes que nos regalaran fugas o efectos impactantes, Pero, ya que habíamos llegado hasta allí, había que intentar currarse una foto chula.

Inicialmente elegimos un encuadre que, no sé si porque el encuadre no era demasiado bueno, o porque el cielo no nos llenaba, no nos gustó mucho. Lo cierto es que no acabamos muy contentos con la foto.

En un momento de la noche, empezaron a aparecer nubes. Oye, quizá se va a poder hacer algo, pensamos. Así que buscamos otro encuadre que nos gustara más y que encajara con el cielo que se estaba poniendo interesante, colocamos los trípodes y nos organizamos para hacer la iluminación de la escena.

La estación de Yanguas de Eresma es una estación grande, así que íbamos a tener que participar más de uno en la iluminación. La idea que teníamos era la de sacar luz por las puertas y ventanas, y que esta luz fuera lo mejor dirigida posible. Para ello, casi se hace indispensable el uso de flashes. Como además queríamos que la luz tuviera color, colocamos en los 2 flashes que usamos un gel de color.

Lo cierto es que para un edificio con tantas salas, lo ideal para poder iluminar, es que hubiéramos llevado 3 ó 4 flashes. Y es que, en caso contrario, aquellos que se encargaran de iluminar con el flash, iban a tener que echarse alguna carrera para poder entrar en todas las estancias de la estación. Pero esa noche sólo llevábamos 2 flashes, así que hubo que correr bastante para poder iluminar por completo la escena en el tiempo que decidimos ajustar en nuestras cámaras y que, como podéis ver en los datos EXIF, no fue más de 10 segundos.

Espero que os guste.

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 
Focal: 14 mm 
Exposición: 10 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 2000



jueves, 20 de abril de 2017

Un arco de lo más agradecido

Hola a todos!

La entrada de hoy es muy especial. No sólo por la foto de esta semana, sino porque hoy, después de varios meses de poca actividad pública, Luces del Pasado reaparece con un nuevo taller de Fotografía Nocturna.

No sé si recordaréis que en octubre del año pasado dimos nuestro primer curso. Aquélla fue una experiencia que resultó increíble para los 4 miembros. Y es que la sensación de poder transmitir lo que has aprendido con tu experiencia en esta disciplina fotográfica, así como pasar unas fantásticas horas en un ambiente fotográfico, resultó de lo más gratificante. 

Pues bien, nuevamente nos lanzamos con un nuevo taller práctico de Fotografía Nocturna en la provincia de Cáceres, concretando un poco más, en los alrededores de Plasencia. ¿Por qué Cáceres? El motivo es que esta provincia no sólo está llena de unos paisajes y de unos elementos arquitectónicos que tanto nos gusta a los fotógrafos nocturnos de naturaleza, sino que Cáceres y, en general, toda Extremadura, disfruta de unos cielos nocturnos con escasa contaminación lumínica, lo que nos va a permitir, si el tiempo lo permite, eso sí, de poder disfrutar y fotografiar la Vía Láctea con una claridad excepcional.

Como os digo, hoy lanzamos este nuevo taller con mucha ilusión, y esperamos poder compartir esta experiencia con muchos amigos. Por cierto, toda la información la podéis encontrar en:


Y ahora, la foto de esta noche. 

Quizá os resulte curioso el título de esta foto. Os explico. Son varias las veces que he estado en este arco, que es lo que queda de una antigua iglesia. La razón de ello es encontrar unas condiciones muy concretas de entorno que no he llegado a conseguir, al menos, no exactamente. Sin embargo, a pesar de no poder sacar la foto que más quería, debo decir que sí me he llevado una foto que, una vez vista en casa y procesada, me ha dejado bastante satisfecho. Y es que este arco, no sé si será por su forma, o por la estructura de las piedras que forman parte de él, creo que es bastante fotogénico. 

La noche que me llevé esta foto iba acompañado por Felipe y por Luis, 2 de mis compañeros de Luces del Pasado. Como os digo, al llegar pensamos que no tendríamos muy buena foto, pero, aun así, plantamos trípodes y sacamos cámaras. Empezamos a darle un tipo de iluminación, y vimos que no quedaba mal. No sé si por la iluminación, o porque el cielo empezó a ponerse bastante bien.

A pesar de que la foto nos pareció que pasaba bastante bien el corte, probamos otra iluminación, que es la que tiene la foto que hoy podéis ver. ¿Queréis saber cómo iluminamos?

La iluminación de esta foto la hicimos desde 3 puntos diferentes: el primero, el principal, desde la izquierda de la foto. Con esta luz conseguimos cubrir toda la zona que queremos iluminar, es decir, el arco y el suelo; el segundo, desde detrás del arco, iluminando su parte interior. Con esta luz conseguimos potenciar la apariencia tridimensional interior de la estructura; el tercero y último, desde la derecha, pero por detrás de la cámara. Con esta luz, rellenamos el suelo que no puede ser iluminado desde los otros 2 puntos. 

El tipo de linterna que usamos en la foto, el que solemos usar. Es decir, linterna cálida de una conocida marca. Al usar este tipo de linterna, el balance de blancos lo bajamos a 3000K pues, de lo contrario, la foto habría aparecido con un tono bastante anaranjado. 

Y, a continuación, los datos EXIF. Y, para los que no seguís habitualmente este blog, una pregunta. ¿Sabríais explicar el porqué de los valores de los parámetros? :-)

Como siempre, espero que os guste.

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 
Focal: 14 mm 
Exposición: 10 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 2000