Capitulo I: Comienza el viaje

Cuando César me escribió aquella mañana, allá por mayo, y me propuso ir con él y su hermano Javier a Islandia, recuerdo que tuve que leer el mensaje 2 veces. Desde que estoy haciendo fotos nocturnas, y más concretamente, desde que he visto fotografías de grandes fotógrafos nocturnos y de paisajes, Islandia se convirtió en un país que sí o sí visitaría tarde o temprano. Lo que no imaginaba es que ese momento podría llegar así, de pronto, una mañana de mayo, y mediante un mensaje de quien para mí es uno de los grandes de la fotografía nocturna y de paisaje.

No me lo pensé mucho, la verdad. Debido a la situación en la que me encontraba en ese momento, vi que una oportunidad como esa no se iba a presentar en otra ocasión tan fácilmente, así que horas después me veía diciéndole a César, "¡sí, voy!". Desde ese momento empezó un trabajo de "empapamiento" de todo lo necesario para que el viaje fuera todo lo increíble que queríamos que fuera. No sólo había que obtener el máximo de información sobre todo aquello que no debíamos dejar de conocer, sino que debíamos informarnos sobre otros aspectos, como podrían ser los meteorológicos en esa época del año. Ir preparados para el frío y la lluvia era básico, pero esto no significaba llevar el abrigo que más abultara, sino aquél que te quitara frío, sí, pero no movilidad. Hay que tener en cuenta que cuando vas a hacer un viaje de este tipo vas a ir cargado con bultos que limitan mucho la libertad de movimientos, por lo que llevar un abrigo que contribuya a esa falta de libertad, más que ser útil, va a entorpecer. Otro de los aspectos que teníamos que tener en cuenta, también muy importante, era conocer las horas de salida y puesta de sol y de luna, además de la fase en que nos íbamos a encontrar ésta última. No es lo mismo hacer una fotografía nocturna de un paisaje con una luna que no va a aportar luz o que va a aportar muy poca luz, que hacerla con una luz de luna que ilumina lo suficiente una vasta extensión de terreno. Y, por último, pero no menos importante, la organización logística. ¿Cómo desplazarnos? ¿Dónde dormir? ¿Excursiones sí o no? De estos temas se encargó Javier, hermano de César, y lo hizo de una forma impecable.

Todos estos factores teníamos que tenerlos en cuenta, sí, pero, por mucho que los controles, y por mucho que intentes minimizar el factor de improvisación, siempre habrá factores imposibles de manejar. El más importante, las condiciones meteorológicas: lluvia fuerte, cielos completamente cubiertos... Esto fue precisamente lo que nos encontramos nuestra primera noche en Islandia. Pero no adelantemos acontecimientos.

Tras varios meses preparando el viaje por fin llegó el día 1. La opción que elegimos para ir a Islandia fue la de volar desde Madrid a Keflavik (ciudad con aeropuerto más cercano a Reikiavik) haciendo escala en Londres. Tras recoger en el aeropuerto islandés las maletas y el 4x4 que habíamos alquilado, nos dirigimos a la península de Snæfellsnes. Aquí teníamos identificados varios puntos a los que ir a sacar fotos, aunque, sin duda, el plato fuerte sería el Kirkjufell. Cerca de allí pasaríamos nuestra primera noche. Nada más dejar las maletas en el hotel, nos fuimos a fotografiar una famosa iglesia negra, la iglesia Budir. Había que aprovechar que la lluvia, que nos había dado la bienvenida a Islandia, decidió olvidarse de nosotros por un rato. Debo decir que en el momento de sacar la foto casi de lo que más estábamos pendiente era del cielo. Y no porque buscáramos encontrar un buen dibujo hecho por el movimiento de las nubes, sino porque buscábamos algún punto del cielo en el que encontrar un color verde. Ninguno de los 3 había visto una aurora boreal hasta ese día, y no sabíamos cómo sería ver ese maravilloso fenómeno, así que estábamos un poco perdidos y mirando por encima de nuestras cabezas a todos lados esperando ver algo diferente a lo que estábamos acostumbrados a ver. Aun así, nos centramos y sacamos 2 ó 3 fotos, pues no podíamos entretenernos mucho, ya que el Kirkjufell y su cascada nos estaban esperando. Así que, una vez hubimos acabado con la iglesia, nos dirigimos para allá.

Personalmente, y creo que a César y Javier les pasaba igual, me sentía muy ilusionado con poder ver ese monte y esa cascada presente en tantísimas grandes fotos. Además, para esa noche había una previsión según la cual el cielo estaría despejado o casi despejado, por lo que, teniendo en cuenta que la luna se encontraba en una fase casi llena, y teniendo en cuenta, además, que según una de las webs más exactas a la hora de predecir auroras boreales, esa noche nos iba a visitar una que, sin tener una gran intensidad, para nosotros era más que suficiente, la noche pintaba bastante bien. Y es que esa noche íbamos a ver nuestra primera aurora boreal!

Cuando llegamos al parking del Kirkjufell, sin embargo, nos sentimos un poco desilusionados. Y no porque el Kirkjufell no cumpliera nuestras expectativas (que sí las cumplió) sino porque encontrarnos en un lugar increíble con un cielo cubierto y, lo peor, lloviendo a mares, nos dejó un poco "plof". Aun así, no entraba en nuestros planes irnos de allí sin foto nocturna, así que sólo nos quedaba una opción: acomodarnos en el coche y confiar en que en algún momento, el sonido incesante de las gotas golpeando la chapa y los cristales del coche, cesara o, al menos, dejara de sonar tan fuerte, lo cual indicaría que los goterones se convertían en pequeñas gotas, y podríamos arriesgarnos a bajarnos del coche para sacar fotos. Una hora estuvimos aproximadamente dentro del coche hasta que decidimos bajar. No tuvimos todo el tiempo del mundo para sacar fotos pues, una hora después, aproximadamente, se puso a llover de nuevo. Por suerte, la luna se abrió paso entre las nubes, y una tímida aurora boreal quiso adornar nuestras fotos, así que algo pudimos hacer. Aquí tenéis el resultado.

Espero que os guste.

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 14 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 3200





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