Capítulo V: Blue Ice on Black Sand

Tras la noche increíble que habíamos tenido gracias al espectáculo que la Aurora Boreal nos había regalado, decidimos irnos a dormir cuando la intensidad de la aurora bajó mucho. No es que quisiéramos, más aún cuando las predicciones decían que durante la madrugada volvería a darse un cielo tan increíble como el que habíamos tenido esa tarde. Pero la mañana siguiente teníamos otra cita ineludible: la playa cercana a Jökulsárlón. 

Para los que no lo conozcáis, Jökulsárlón es un lago glaciar, el mayor de Islandia. Se encuentra al final de la lengua del glaciar Vatnajökull y es uno de esos puntos que hay que visitar, sí o sí, si viajas a Islandia. Pasear por la orilla del lago no deja indiferente a nadie. Observar icebergs que se han desprendido de la lengua del glaciar y que flotan y se desplazan por el lago es todo un espectáculo. Y si, durante ese paseo, llegas a ver y a escuchar cómo se parte alguno de esos icebergs... de verdad, eso hay que vivirlo.

Como os decía, la mañana siguiente la teníamos planificada para ver el amanecer en la playa cercana al lago y que es donde van a parar y a morir esos icebergs que flotan en el lago. Hielo en una playa. Hielo varado en la orilla de una playa ¿No os parece impresionante? Esa es una de esas fotos que tenía en mi cabeza desde mucho antes de viajar a Islandia y que tenía claro que no podía dejar de intentar sacar y llevarme a casa. Por suerte, el día amaneció sin lluvia y con unas nubes que ayudaban a que el cielo pudiera acompañar en una foto de amanecer. 

Así que esa mañana madrugamos, y, sin desayunar, nos fuimos a fotografiar hielos. Nada más llegar a la playa, me puse el vadeador, cogí la cámara, el trípode, los filtros y me fui directo a la orilla para vivir ese momento que llevaba tiempo deseando.

La orilla estaba llena de hielos. Sólo había que encontrar alguno con un tamaño lo suficientemente grande, pero no exageradamente grande, como para sacar esa foto que estaba en mi cabeza. Y allí estaba. En cuando lo vi lo tuve claro: "te voy a hacer un reportaje, chaval", pensé. 

- ¡Joé con Tomás, qué buenos ejemplares encuentra! - escuché a César decir con una sonrisa en la cara según pasaba por detrás de mí.

Le sonreí y me puse manos a la obra. Me lié a hacerle fotos a mi modelo, hasta que el agua del mar al acariciarlo fue moldeando su figura hasta dejarlo reducido a un pequeño trozo de hielo.

Y después de ese trozo de hielo, otro, y luego otro, hasta que pude satisfacer mis enormes ganas de fotografiar un amanecer en la playa de Jökulsárlón. 

Hace casi un año de esta foto, pero aún recuerdo esa mañana como si fuera ayer. Por suerte, el cerebro se encarga de almacenar y dejar vivos esos grandes momentos de nuestra vida. Y, no lo dudéis, mi cerebro tiene un rincón muy especial para Islandia, de donde en solo una semana pude grabar muchos de esos momentos. Es curioso cómo escribiendo estas líneas me veo a mi mismo con una sonrisa en la cara. La misma que tenía cuando al sacar esta foto y verla en la pantalla de la cámara tuve aquella mañana en la playa del Jökulsárlón.

Los datos EXIF:

Cámara: Canon 70D 
Focal: 11 mm 
Exposición: 1,3 sg 
Apertura: f/11
ISO: 100

Además, filtro ND de 6 pasos + filtro degradado de 4 pasos




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